lunes, 12 de marzo de 2012

Relato. LIDIA FERNÁNDEZ AVILÉS

Belinda y la rosa


Un lago llamado “El lago de las hadas”, en el vivía la reina de las hadas con todos sus súbditos, la reina de las hadas coleccionaba rosas de todos los colores que existían, todos menos uno que no conseguía hacer florecer, las rosas de color violeta, por eso un día decidió reunir a todo sus súbditos para hacerles un comunicado, que concedería 3 deseos a cualquiera de sus súbditos que fuera capaz de conseguir esa rosa.
Belinda un hada de ese reino, se puso muy triste, ella no podría salir a buscar esa rosa porque intentando aprender a volar se rompió un ala, y desde entonces iba caminando a todos los rincones de ese mundo, no podía salir de el y empezó a llorar, en ese momento se acerco a ella su amigo pájaro que le dijo:
-¿Que te pasa Belinda, porque lloras?
-Porque no puedo salir a buscar esa rosa puesto que no puedo volar dijo Belinda.
-Pájaro dijo: No te preocupes yo te ayudare, sebe a mi espalda y podrás salir de este reino en busca de la rosa.
La cara de Belinda cambio, y después de dejar de llorar, se puso contenta porque podría conseguir esos deseos.
Pájaro subió lo más alto que pudo, incluso por encima de las nubes para poder observar mejor en el horizonte donde poder encontrar esa rosa, pasado un tiempo algo se veía en el horizonte, era un gran valle lleno de colores.
-Belinda, Belinda, mira allí en el horizonte, dijo pájaro.
-Parece el arco iris dijo Belinda, vamos allí a ver si encontramos la rosa de color violeta.
Cuando llegaron al arco iris vieron todos los colores que existen, y allí en medio del color rojo y el color azul estaba escondida la rosa de color violeta, pájaro la agarro fuertemente con su pico, y volvieron volando muy deprisa al reino de las hadas, querían ser los primeros en llegar.
-Aquí le trigo majestad la rosa que tanto desea, dijo Belinda.
-¡¡¡¡Ohhhh es preciosa!!!! ;Dijo la reina de las hadas
-Has cumplido con tu tarea hada Belinda, pídeme los tres deseos que mas quieras conseguir, dijo la reina de las hadas.
Belinda lo pensó mucho después de todo, no quería pensarlo tan a la ligera, hasta que decidió que pedir.
-Majestad quiero tener mi ala rota arreglada para poder volar, el arco iris para que todos los del reino puedan ver la maravilla de colores que yo he visto, y por ultimo construir un puente que vayan al mundo exterior para que los súbditos que no puedan volar, puedan salir caminando del reino.
.Deseos concedidos dijo la reina de las hadas.
Belinda quiso probar sus alas nuevas, y volando y volando comunico a todos sus deseos, y todo a partir de entonces fue fiesta en el lago de las hadas.
                                       Fin

Relato. JULIO B. ORTIZ ALMUIÑA

Donde las dan las toman.

Una madrugada de lunes, por las calles de una ciudad dormida, apenas tenuemente iluminada por las luces de las farolas que permitían percibir unos edificios grises y unos árboles desnudos envueltos en el silencio absoluto de la fría noche de invierno, iban dos jóvenes amigos cantando y gritando sin pensar en que la gente dormía.
La fiesta había alegrado sus espíritus juveniles, y ellos tan contentos de haber pasado una noche de fiesta,  decidieron prolongar la juerga mientras iban rumbo a sus casas. Muy ruidosos los muchachos cantaban sin parar dando gritos, risotadas y haciendo tonterías, hasta que un vecino, cansado y enfadado por haberse despertado por los gritos, salió al balcón y les dijo “por favor, callaros que estamos durmiendo y es muy tarde”, los jóvenes, sin importarles aquel reproche siguieron a lo suyo, otro vecino, que intentaba dormir unas horas antes de irse al trabajo, alertado por los ruidos se asomó por la ventana y también replicó la conducta de los chicos “no hagáis ruido, mañana tengo que trabajar y así no se puede dormir”, “pues no vayas a trabajar y vente con nosotros de fiesta” le dijeron los muchachos con voz burlona. Como vieron que no les sucedía nada, más que algunos reproches de unos pocos vecinos y sin pensar el perjuicio que podían causar, todos los días que salían de juerga hacían lo mismo.
Harto de escucharlos cada fin de semana, uno de esos vecinos decidió seguirlos y así, averiguar el domicilio de alguno de ellos. Cuando supo donde vivían, una noche de diario se acercó a su casa con el propósito de molestarlos tocándoles el timbre. El joven y su familia, que ya estaban durmiendo, sorprendidos, preocupados e intrigados por esa acción tan molesta se preguntaban quien sería el gamberro que los incordiaba  a esas horas. “seguro que son jóvenes que están de fiesta y no piensan en los perjuicios que ocasionan a la gente con sus gamberradas” dijo la madre muy enfadada, “como salga yo a la calle se van a enterar, estos gamberros” dijo el padre enfurecido. Por fin, después de un rato, todo volvió a la normalidad, pero ya la noche fue intranquila para la familia que no pudo dormir a gusto. Al día siguiente, cuando se levantaron cansados por haber pasado una mala noche, encontraron una nota de aquel vecino explicando el motivo de su acción y pidiendo disculpas a los padres. Avergonzado, el muchacho comprendió perfectamente las molestias que había causado en sus noches de juerga y, además,  se llevó una buena reprimenda de sus padres.

Relato. RAQUEL CARNERO

SOSPECHOSO INESPERADO

         Desde hace tres meses habían empezado a desaparecer niños y mujeres. Me habían dado a mí este caso, pero, no sabía qué hacer, ni cómo empezar.
Al entrar en casa y ver la foto de mis hijos se me ocurrió ¡Era genial, fantástica!... pero tenía un problema ¿Quién iba a ayudarme? Tenía que ser una mujer o un niño.
Por la mañana, nada más llegar a la comisaría, me puse a buscar entre los papeles y al cabo de un par de hora lo encontré. Hugo Orozco, un niño de 10 años que vivía solo. Ese mismo día le fui a buscar. Él aceptó, y por la mañana nos pusimos a prepararlo todo, para empezar cuanto antes con el plan, le puse un chip, para poder seguirle.
El primer intento no funcionó. El segundo tampoco, y así un par de veces más. Pero por fin el plan funcionó. Fui a casa a coger unas cosas y a buscar a Hugo. Cuando llegué no me lo podía creer ¡Era la comisaría! Mejor dicho, estaba debajo, pero ¿Quién era? Entré y bajé al sótano. Allí encontré un túnel. Cogí la linterna, me adentré y estuve andando durante 1 hora y media, pero… por fin estaba allí.
Me escondí detrás de unas cajas y miré por un hueco que había. No había niños, sólo mujeres. Pero era como si estuvieran  hipnotizados. Y allí justo delante de ellas estaba el cerebro de la operación. Ahí, justo delante, ¡pero no me lo podía creer! Era, era… una persona en la que yo confiaba, un hombre al que respetaba, era el policía más bueno de la comisaría. Era José del Mar el jefe de la policía.

Relato. MARÍA LARA

UN ACCIDENTE FATAL

Todos los habitantes  estaban impacientes por ver la nueva familia  que llegaba al pueblo. Después de una hora esperando cerca de la casa, vieron que se acercaba un coche desconocido hacia allí.
-¡Ahí vienen nuestros nuevos vecinos! – dijo Jefferson, el habitante más simpático de todo el pueblo.
El coche aparcó lentamente enfrente de la casa.  Conducía un señor de unos 50 años, con cara pálida y vestimenta descuidada. A su lado iba sentada una mujer de unos 35, que miraba a sus nuevos vecinos desde la ventanilla. Detrás iban un chico de unos 20 años, parecía risueño, ojos azules, moreno, muy guapo, al que todas las chicas del pueblo se le quedaron mirando con la boca abierta. En el asiento de al lado iba una niña de unos 15 años dormida.
El señor salió del coche y estiró las piernas. La mujer se acercó a la casa y saludó a los vecinos con un leve gesto de mano y abrió la puerta. El chico cogió a la niña pequeña y salió del coche.
-Papá, ¿os ayudo a meter el equipaje?
-No Steven, tú despierta a  Ainara y ve con ella a vuestras habitaciones, donde os diga tu madre. Ya me encargo yo.
El señor metió el coche en su pequeño garaje de la parte de atrás y se metió a la casa.
Los vecinos cuchichearon entre ellos.
-No parecen muy sociables, ¿no?
-No sé, parecían un poco tímidos. Mañana vendré a traerles un bizcocho de bienvenida- dijo Sandra, una de las vecinas más conocidas del pueblo.
A la mañana siguiente, Sandra, sus hijos y algunos amigos de ésta fueron a casa de sus nuevos vecinos. La mujer les abrió la puerta con un gesto de amabilidad, se presentó (se llamaba Nelly) y les pasó a la sala de estar. Para ser el segundo día de estar en el pueblo, estaba todo muy bien colocado y decorado. Era una amplia sala con una mesita de café, dos sillones que la rodeaban y unos muebles con una chimenea.
-Podéis sentaros por aquí, os traeré unas tazas de café y unos pasteles. http://www.casasdecoracion.com/imagen/postings/50/view_1_50.jpg
Cuando volvió la mujer con la bandeja de los cafés y los dulces, Sandra preguntó:
-Bueno, ¿por qué escogisteis este pueblo para mudaros?
-Mi marido Bryan y yo vivíamos en nuestro país, Ecuador, cuando pasó un terrible accidente. Hubo un gran terremoto que destrozó nuestra casa, una bonita casa con jardín, de dos plantas, diseñada por nosotros. Steven tenía 5 años, y yo estaba embarazada de Ainara. Y como Bryan y yo tenemos familiares en España, decidimos venir a vivir aquí, a un pueblo tranquilo como este.
Después de hablar los vecinos durante una hora, llego la hora de comer y cada uno se iba a su casa cuando de repente, Steven salió con cara enfurecida del garaje a toda velocidad y atropello a la hija pequeña de Sandra, Susana.
-¡Dios mío! ¡Mi hija!
Sandra y su hijo se acercaron corriendo hacia la niña, y Steven se fue sin ni si quiera parar. Nelly llamó histérica a la ambulancia.
Pasaron semanas sin que Susana mejorara, y Steven no aparecía.
Pasaron meses, hasta que Susana murió y Sandra decidió hacer venganza por el hijo se su vecina. Una noche, Sandra, acompañada de unos vecinos que le tenían mucho cariño a esta niña, entraron a la casa por la puerta del garaje que solían dejar abierta, cogieron a sus vecinos mientras estaban dormidos y les ataron manos y pies.
Diez minutos después estaban en la furgoneta de uno de estos habitantes del pueblo, camino de una laguna cercana.

Eran las 2 de la madrugada, y todo estaba muy oscuro. Sandra sacó a los familiares uno a uno y los ahogó en la laguna. Alrededor los vecinos reían y gritaban “venganza por la Pequeña Susana!”.
http://1.bp.blogspot.com/_mX6Rfx51ZuY/Sp8HlZd-BEI/AAAAAAAAAS4/GDEitIGbOzc/s400/Laguna+LV+de+noche+reflejo.JPG

Ha pasado un mes desde que los fantasmas de esta familia siguen buscando a Steven,  al que desde el día que atropelló a la niña no se sabe nada.
Sandra acabó encerrada en un psiquiátrico unas semanas después de ahogar a esta familia.

Relato. SILVIA GONZÁLEZ

Imaginaciones tuyas.



Todos creen que los cementerios son un lugar muy malo para ir una noche de Halloween. Se pasa miedo, frío, y ocurren cosas bastantes raras. Yo, por mi parte, no me las creo.
Mis amigos Yeray y Camila me querían demostrar que esto pasaba de verdad en el cementerio. Seguro que estarían dispuestos a gastarme alguna broma, como siempre; ellos son así. Eran las 10 de la noche de Halloween. Todo estaba oscuro y Yeray, Camila y yo nos dirigíamos a la puerta. La puerta ya era un tanto tenebrosa: era grande, de barrotes y negra. Arriba del todo tenía una virgen pintada. Era extraño.
-¿Cómo vamos a entrar?-les pregunté.
-Con esto -Yeray me mostraba las llaves en su mano mientras decía esto.
-Siempre igual de preparado, ¿no?-dije.
-Pues claro, ya me conoces -me respondió, guiñándome un ojo.
Yeray abrió la puerta y entramos. Yo iba la última , vigilando todos los movimientos de mis dos amigos , por si hacían algo raro para gastarme la broma. De repente se escuchó un sonido , era raro pero no me alarmé mucho. Se volvió a oir , me puse nerviosa , pero pensé que serían Yeray y Camila , ya que estos ni se inmutaron al oírlo. Se volvió a oír y decidí preguntar , ya me estaban poniendo de los nervios.
-¿Habéis oído eso?-dije mirándoles algo inquieta
-No -respondieron los dos al unísono.
Pensé que serían ellos así que lo dejé pasar. Encontramos un sitio donde podíamos dormir , así que nos instalamos , hicimos una hoguera y pusimos los sacos de dormir en el suelo. Esta vez se oyó el ruido mas fuerte y lo oímos los tres , nos giramos y no vimos nada , pero se volvió a oír el mismo ruido por otro lado .
-Venga ya chicos , dejar de hacer tonterías.-dije para liberar tensiones.
-No somos nosotros.-dijo Camila.
Nos levantamos y salimos corriendo , hasta que tropecé , miré hacia atrás y era un gato ,¿era él el causante de los ruidos? Nunca lo sabremos.


Relato. PAULA GARRIDO


EL ATAJO
En una tarde fría de invierno veníamos mi hermana y yo, de la biblioteca .De estudiar para un examen muy importante qué teníamos al día siguiente. Y como la biblioteca estaba muy lejos decidimos coger un atajo. Y en ese atajo había una calle y en la calle había una casa extraña y aparentemente abandonada.



 Nosotras nos quedamos ambirándola. Pero de repente oímos una voz de un hombre. Nos miramos las dos, y salimos corriendo.
Cuando llegamos a casa nuestra madre nos dijo
-¿Qué os a pasado, porque venís pálidas?
-Nada, mama nada.  La dijimos las dos.
Nuestra madre no le dio la menor importancia.
Entonces al día siguiente mi hermana y yo decidimos volver a la casa a ver de dónde venía la voz. Al llegar a la casa delante de la puerta .La abrimos , pero no nos costó nada más que empujarla y ya .Al entrar encendimos una cerilla y vimos una casa llena de polvo y telas de araña ,total como una casa abandonada. Luego al pasar al comedor oímos un ruido procedente de una de las habitaciones del final del pasillo. Fuimos para haya al principio nos dio mucho miedo, pero nos pica más la curiosidad de donde podría provenir el extraño ruido. Entramos a la habitación y vimos una sombra y nos asustamos .Pero primero preguntamos:
-¿Quién anda ha ahí?
-Hola. Nos dijo un chico con la ropa rota, muy sucio y maloliente.
Nosotras gritamos y el hombre nos dijo:
-Que no pasa nada, yo no me como a nadie.
-Entonces que hace usted ahí
-Yo solo lo único que hago es dormir aquí porque no tengo casa.
-Pues qué lugar más pésimo para vivir.
-Ya pero no tengo otro lugar a donde ir.
-Nosotras te podemos ayudar.
-¿Cómo?
-Nosotras conocemos una empresa que presta pisos a gente  sin hogar.
-Y donde esa empresa –dijo el hombre entusiasmado.
-Ahí a la vuelta de la esquina, si quieres te acompañamos.
-Pues vale.
Al final nos dirigimos a la puerta del edificio. Y le dejamos ahí.
De vuelta a casa nos sentíamos orgullosas de haber hecho una buena acción.
Y recordaremos esta acción durante toda la vida.
          

Relato. LAURA PÉREZ JARAIZ

Tormenta. Normalmente me relaja, cuando estoy en el sofá de mi casa, con una taza de chocolate caliente en la mano. Pero ahora no estoy en el sofá, ni siquiera estoy en casa. Estoy en un Airbus A380, volando de Boston hacia Alemania. Es un importante viaje de negocios, ya que beneficia mucho a mi empresa. Suelo ir tranquila en los viajes pero, esta vez, hay algo que me inquieta. Será la tormenta. Saco mi Sony Ericsson y decido llamar a mi madre para tranquilizarla de que estoy bien, porque antes de que yo montase en el avión, ella también tenía un mal presentimiento.



-        ¿Seguro que todo va bien? – noto el nerviosismo de mi madre por el teléfono – Sí, mamá, no pasa nada.
Mientras hablo con ella, de repente, se va la luz. Casi todo el avión grita y yo apago rápidamente el móvil; no quiero que mi madre se ponga más histérica. Aunque yo también estoy muy nerviosa. El piloto dice que, debido a los relámpagos de la tormenta, se ha sobrecargado el generador de la luz, que nos tranquilicemos. Nadie sigue sus instrucciones. La señora que tengo al lado, una mujer huesuda, de unos sesenta años, pelo gris y aspecto enfermizo tiembla a más no poder, está al borde del colapso. Empiezan las turbulencias. Las azafatas tienen grandes dificultades para mantenerse de pie y los vasos, revistas y equipajes de mano empiezan a caer al suelo. Una mochila verde me da en la cabeza, pero no es lo suficientemente grande como para dejarme inconsciente. Las turbulencias son enormes, el avión se tambalea como un péndulo gigantesco. Se oyen truenos fuera del avión que se mezclan con los gritos y llantos de la gente. Un rayo pasa peligrosamente cerca. Veo a la gente ponerse el chaleco salvavidas y yo hago lo mismo. La confusión y el miedo invaden la nave sin que nadie pueda impedirlo, ni siquiera el piloto, que balbucea unas palabras que cree tranquilizadoras. Un trueno muy violento hace callar a la gente por un momento. Era el relámpago definitivo. El avión empieza a caer. Los pilotos han perdido el control y todos nos aferramos a los asientos. Estamos sobrevolando tierra, sí, pero no me tranquiliza porque será mortal. La mujer que hay a mi lado ha perdido el conocimiento y muchas personas sufren ataques de ansiedad.  Deben quedar muy pocos metros para llegar al suelo, porque caemos a una velocidad terrible. Mi último pensamiento es para mi madre. No soportará la noticia. He tenido un grave accidente de avión.

Relato. ANTONIO UREÑA

AMENAZA EN EL INSTITUTO

Yo era un chico normal, que asistía a clase todos los días del año. A pesar de eso, mí vida social era un poco escasa.
Vivía a las afueras de la ciudad. Sólo tenía un amigo que se llamaba José.
Todos los días teníamos que ir al I.E.S en autobús. Nos teníamos que dar mucha prisa para no perderlo, ya que pasaba muy de tarde en tarde y si se perdía no podíamos pasar a primera hora a dar clase.
Ese día hacía mucho sol y teníamos mucho calor, era junio, los últimos días de clase.
Cogimos el autobús a tiempo y llegamos antes de tocar la campana.
Yo, en general, tenía una relación buena con casi todos los profesores. El Instituto era de los mejores y por eso, junto con mis padres, decidimos que tenía que ir allí.
Cuando José y yo entramos, notamos mucho movimiento en la entrada. Había unos hombres con bolsas negras muy extrañas y caminaban para la parte del sótano del edificio. Pensamos que era material nuevo para el centro, como ordenadores, teclados etc…, pero lo que no sabíamos ni nosotros ni nadie era que íbamos a sufrir un atentado en cuestión de horas.
El día transcurrió muy rápido. De repente entraron unos hombres armados con ropas árabes y con la cabeza tapada. Estábamos con la profesora de “mates” y ellos la cogieron y la amordazaron. Nos obligaron a darles todo lo que podíamos llevar: móviles, carteras, llaves, etc...
Yo tenía dos, y decidí guardar uno en un pupitre sin que nadie se diese cuenta. Todos estábamos muy asustados. Ellos hablaban en su idioma y no nos enterábamos de nada. Estábamos todos los alumnos pegados a la pared y ellos lo único que hacían eran sacar de sus mochilas unos utensilios que nosotros no sabíamos de que se trataba pero lo intuíamos. José y yo teníamos que salir de allí como fuese posible.
Vimos cómo ponían unos explosivos plásticos en varias zonas del Instituto. La profesora no paraba de llorar,  incluso había muchos alumnos y alumnas que  también lo hacían.
Encima del techo de la clase había una especie de trampilla y me puse al habla con José para buscar la manera de salir de allí. Teníamos que coger el móvil y llamar a la policía.
Había tres de ellos, todos con la cabeza bien tapada. Oyeron unos ruidos y se asomaron los tres a la puerta, y, en ese momento, José y yo nos metimos por la trampilla. Corrimos tanto y tan deprisa que llegó un momento que no sabíamos dónde estábamos. Nos tranquilizamos y paramos; teníamos que darnos prisa y llamar a la policía. Le explicamos todo lo sucedido y nos costó un poco que nos hicieran caso, pero lo logramos. A los 15 minutos estaban allí y todos mis compañeros y los profesores salieron sin problemas. Nos dijeron que se trataba de unos delincuentes muy buscados y que llevaban tiempo detrás de ellos y que gracias a nosotros los pudieron detener. Desde ese día, mi vida social cambió por completo la gente me saludaba y yo junto con José, estábamos muy orgullosos. Hoy todavía no me explico cómo lo hicimos.